Entrevista a Jorge Melo
Pintor y Ciudadano destacado de
la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires
Por Laura Martín
Una tarde de sábado todavía otoñal nos abrió las puertas de su “casataller”, Jorge Melo, un artista de esos que hacen honor a su profesión, ya que como él mismo dijo su meta nunca fue ser diferente, sino ser pintor.
Generosamente y con la humildad de los grandes maestros desplegó sus mejores tesoros, sus obras, y compartió anécdotas e historias de una vida comprometida con el arte, la vida y la sociedad.
Jorge Melo nació en el barrio de Liniers, en la zona de “las mil Casitas”, el que fue un semillero de cultura nacional para toda una generación de la década del ’20. Autores de la talla de Lanoel, Guibourg, Plank, Chiaveti, Gorrochategy, Arata, Di Taranto, Dameno Peláez, Corace, Castelnuovo, Pucciarelli, fueron algunos de sus compañeros de ruta, con los cuales compartió muestras, mates, filosofía y vida.
Su trayectoria comienza en 1939, año en que expone por primera vez en la 1º Muestra Colectiva Club Social Liniers, y desde ese momento no ha dejado de presentar sus obras tanto en salones nacionales, como municipales, muestras individuales y colectivas.
_ “Soy hincha de San Lorenzo, cuervo y por lo tanto primo hermano de los canallas…y mis mejores recuerdos para el Beromama, el tan querido club de Liniers!”
_¿Y cómo fue su inicio con la pintura?
_Para ingresar al Bellas Artes tuve que hacer un curso antes, me preparé en un instituto que funcionaba en el pasaje Amalia (Liniers). Y el día del examen…que nervios, me acuerdo aprobé con un yeso “La Flor de Liz”, con carbonilla y goma de pan, nada de esfuminos...
_En Bellas Artes tuvo como profesores entre otros a Spilimbergo y Berni …
_ Cuando nos dijeron que Berni venia a dar clases, estábamos locos de contentos, pero después resultó que le habían dado el cargo de profesor de geografía… de geografía! Claro, no podías ir a pensar a la facultad…pero nunca habló de geografía, él sólo hablaba de arte.
También viví días hermosos y noches imborrables en publicidad ! Debuté como director de arte en Arco, después creamos con Miguelito Spadafino y Leiva “Cátedra” y como nos divertimos! Años después resolví: desde hoy vivo de la pintura! …y así es!
Mi meta no es ser diferente, sino ser pintor, porque como enseñaba Spoletini, la pintura es una sola: la buena. La otra no es pintura. Acepto todas las tendencias, siempre que sean honestas y estén al servicio del hombre, que no la frenen leyes, reglas, críticas o demás deudos…Trato de vivir pintando como pienso y reflejar al hombre con sus dudas, miedos, broncas y alegrías.
Viajero incansable, hoy sigue dictando talleres en Mar del Plata, y así ha recorrido el país, llevado su pensamiento pictórico, su imaginación, sin pactar con el arte mercantilista o “fenicio” palabra que él mismo utiliza para algunos colegas, y sobre todo su compromiso con la vida laboriosa y aquello que lo representa.
De estos ochenta y pico de años vividos, más de la mitad los pasó pintando. Trabajando sobre todo lo que lo hace feliz, porque según sus propias palabras es la única manera de brindárselo a los demás.
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